lunes, 7 de noviembre de 2022

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 17,1-6

 

Evangelio según San Lucas 17,1-6
Jesús dijo a sus discípulos: "Es inevitable que haya escándalos, pero ¡ay de aquel que los ocasiona!

Más le valdría que le ataran al cuello una piedra de moler y lo precipitaran al mar, antes que escandalizar a uno de estos pequeños.

Por lo tanto, ¡tengan cuidado! Si tu hermano peca, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo.

Y si peca siete veces al día contra ti, y otras tantas vuelve a ti, diciendo: 'Me arrepiento', perdónalo".

Los Apóstoles dijeron al Señor: "Auméntanos la fe".

El respondió: "Si ustedes tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, y dijeran a esa morera que está ahí: 'Arráncate de raíz y plántate en el mar', ella les obedecería."


RESONAR DE LA  PALABRA

Corrección fraterna

"Nombrar y avergonzar" es uno de los métodos preferidos en la moneda. Nos encanta anunciar públicamente los errores de los demás con el fin de avergonzarlos. Sin embargo, ¿es esto un acto redentor? ¿O es uno destinado a hacernos sentir bien y a satisfacer nuestra sed de sangre? Jesús no lo aprobaría. Porque, él es bastante directo y claro en su declaración en cuanto a cómo tratar con un hermano o hermana errante: Si te ofende, díselo directamente y en privado, es decir, no te permitas avergonzarlo en público. Cuando se arrepientan, perdónalos, ¡hasta siete veces al día!

Esto no significa que no les hagamos responsables del daño que han hecho o que no queramos que reparen el mismo. Sólo significa que no les privamos de su derecho a la dignidad humana básica, sino que actuamos con compasión, incluso cuando les pedimos cuentas.

Paulson Veliyannoor, CMF

fuente del comentario CIUDAD REDONDA


domingo, 6 de noviembre de 2022

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 20,27-38

 

Evangelio según San Lucas 20,27-38
Se acercaron a Jesús algunos saduceos, que niegan la resurrección,

y le dijeron: "Maestro, Moisés nos ha ordenado: Si alguien está casado y muere sin tener hijos, que su hermano, para darle descendencia, se case con la viuda.

Ahora bien, había siete hermanos. El primero se casó y murió sin tener hijos.

El segundo

se casó con la viuda, y luego el tercero. Y así murieron los siete sin dejar descendencia.

Finalmente, también murió la mujer.

Cuando resuciten los muertos, ¿de quién será esposa, ya que los siete la tuvieron por mujer?".

Jesús les respondió: "En este mundo los hombres y las mujeres se casan,

pero los que sean juzgados dignos de participar del mundo futuro y de la resurrección, no se casarán.

Ya no pueden morir, porque son semejantes a los ángeles y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección.

Que los muertos van a resucitar, Moisés lo ha dado a entender en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.

Porque él no es un Dios de muertos, sino de vivientes; todos, en efecto, viven para él".


RESONAR DE LA PALABRA


AL OTRO LADO DE LA MUERTE

 La cultura occidental se ha ocupado a menudo del tema de la muerte. Muchos grandes filósofos anduvieron a vueltas con algún género de supervivencia más allá de la misma. Generalmente rechazaban "la nada" como destino final de la siempre demasiado breve peregrinación del hombre por esta tierra. Por lo que sabemos, hasta el ancestral hombre del Neanderthal contaba ya con una vida más allá de la tumba. Podemos recordar también los esfuerzos del antiguo Egipto por «momificar» a sus difuntos y prepararlos para el largo viaje que venía después. O la afirmación de Heráclito: “A los hombres, tras la muerte, les aguardan cosas que ni esperan ni imaginan”. Y Platón aseguraba que no todo lo nuestro perece: perdura el alma inmortal. En tiempos más recientes decía Kant: «Un mundo que niega la felicidad a seres dignos de ella y se la concede a los que no la merecen no puede ser la máxima expresión de lo que nos cabe esperar. Es lícito, obligado incluso, soñar con escenarios más justos».

Los defensores de la esperanza comprendieron que por mucho que mejoremos este mundo, nunca conseguiremos hacer justicia a los muertos; las mejoras que podamos conseguir aquí nunca las disfrutarán los que ya se fueron. Difícilmente podríamos contar la cantidad de seres humanos que llegaron al final de sus días sin haber podido gozar de una vida medianamente digna.

Con otras palabras: ¿Es razonable o aceptable un mundo en el que tantos perdieron su vida en las cámaras de gas, o en un atentado terrorista, o por una bomba atómica, o por la irracionalidad de otro ser humano? ¿Tiene sentido un mundo en el que a unos pocos les va muy bien, mientras tantos se mueren de hambre o por todo tipo de epidemias causadas por su pobreza extrema? ¿Es lo mismo haber vivido entregados a aliviar el sufrimiento de otros hombres o a luchar por la justicia y la paz, que haber vivido centrados en sí mismos, disfutando lo que puedan (como aquel rico de la parábola de Jesús ante el Lázaro de su puerta)?. ¿Es comprensible un mundo en el que algunos pasan su vida prisioneros de enfermedades, limitaciones y sufrimientos, mientras otros tienen la «suerte» de morir ancianos, rodeados y atendidos maravillosamente por los suyos?

 Cuando alguien bueno, cuando alguien que ha sido importante para nuestra vida y nuestra felicidad de aquí se nos va, o alguien muere injustamente... es normal "sentir" profundamente que una vida así no se puede perder para siempre. Todos tenemos sed de «eternidad» para nosotros y para los que nos han importado. Y no resulta suficiente ni consolador el simple «recuerdo» y la añoranza de los que les quisieron... porque tarde o temprano también ellos desaparecen.

No son pocos los que, ante estas preguntas y deseos, concluyen que el hombre es un ser absurdo, que aspira a cosas imposibles (vivir más allá), que se autoengaña: Que esto es lo que hay y nada más. El “más allá” no es científicamente verificable y, por tanto, refutable. Es esta una postura tan respetable y razonable como su contraria: que sí hay algo más y mejor que esto.

La liturgia de hoy nos acerca a la reflexión y las creencias del pueblo judío sobre estos temas. Nos presenta a dos parejas de hermanos:

- En aquellas días, arrestaron a 7 hermanos (1ª lectura)
- Había 7 hermanos (Evangelio).

Con una diferencia: el texto del segundo libro de los Macabeos es una historia real, mientras que en el Evangelio es un caso ficticio, propuesto por un grupo de saduceos que intentan ridiculizar y burlarse de la creencia en la vida después de la muerte, que defendía el partido de los fariseos. Hay que tener en cuenta que una fe explícita en la vida eterna está ausente en casi todo el Antiguo Testamento.
Dios eligió un camino más bien largo, una maduración lenta, para conducir al pueblo a la plenitud de la revelación. El pueblo, poco a poco, fue llegando por sí mismo a la conclusión de que este Dios que se ha volcado con ellos, tiene que ser más poderoso que la muerte. Y este pueblo obedeció -si bien con sus consabidas debilidades- a la Ley de Dios «desinteresadamente», o sea, sin la perspectiva de una recompensa en el más allá.

En el episodio de los Macabeos, 7 hermanos, sostenidos por una «madre coraje», aceptan el martirio para no quebrantar «las leyes de Dios». Relativizan las torturas y la misma muerte, apoyándose en su fe en el «rey del universo», que «resucitará a una vida eterna» a aquellos que le han sido fieles. Es decir: que la reflexión judía llegará a plantearse cómo hablar de un Dios justo, y qué sentido tiene perder la propia vida por ser fieles a Dios... frente a los poderosos y corruptos que parecen salirse con la suya. Y por eso llegan a la convicción expresada por el cuarto de los hermanos: «Vale la pena morir a manos de los hombres, cuando se espera que Dios mismo nos resucitará». Aunque los detalles del «cómo», y en qué consistiría esa resurrección son muy difusos. Probablemente pensaban en una especie de «revivir», una vuelta a este mundo tal como lo conocían. De ahí la «retorcida» y tramposa pregunta de los saduceos a Jesús: «¿con quién estará casado aquella mujer que tantos maridos perdió?»

 Podemos deducir de las palabras de Jesús el sinsentido que tiene elucubrar sobre lo que habrá después, teniendo como única referencia este mundo y esta historia que conocemos. Hablar de cómo será nuestro cuerpo resucitado, hablar de «esperar» la resurrección, hablar del «cielo» como si fuera un lugar de ensueño... no nos aclara nada de nada. Porque al otro lado de la vida no hay tiempo, ni espacio, ni podemos deducir o imaginar nada de nada. Por eso es normal tener dudas y miedo sobre ese momento inevitable. Grandes creyentes como el cardenal Newmann oraba así: “Que mis creencias, Señor, soporten mis dudas”.

Pero sí podemos quedarnos con el mensaje de Jesús: Que el Dios en el que creemos y confiamos «no es un Dios de muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos». Nuestra vida está en sus manos. De él salimos, y a él regresaremos. Y habrá de ser bueno nuestro encuentro definitivo con Alguien que se nos ha revelado como «todo amor». Tendremos miedo a la muerte, claro, o a los momentos previos a la muerte si son dolorosos, o al dolor de que nos falte alguno de los nuestros. Claro. Si el propio Jesús vivió esa misma tristeza ante la muerte de Lázaro o la angustia ante la suya.

Pero quiero terminar con un sencillo relato:

Un médico visitaba a un paciente terminal y dejó a su perro fuera, esperando a la puerta. Al despedirse, ya con la mano en el pomo de la puerta, el enfermo le preguntó: - Doctor, dígame qué hay al otro lado de la muerte.
El médico respondió: - No lo sé.
El enfermo insistió: - ¿Cómo es posible que usted, un hombre cristiano, creyente, no sepa lo que hay al otro lado?
En ese momento se oían gruñidos y arañazos del otro lado de la puerta. El doctor la abrió, y su perro entró moviendo la cola, haciendo fiestas y saltando hacia él. El doctor le dijo al enfermo: - Fíjese Vd. en mi perro. Él nunca había entrado en esta casa. No sabía nada de lo que se iba a encontrar al entrar en esta habitación. Sólo sabía que su amo estaba aquí dentro. Y por eso, al abrirse la puerta, entró sin temor a mi encuentro. Pues bien, yo apenas sé nada de lo que hay al otro lado de la muerte. Solo sé una cosa. Mi Señor está allí, y eso me basta».

(Citado por Juan Manuel MARTÍN-MORENO en Sal Terrae 1100)

Como dice ese conocido Salmo del Buen Pastor: «Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo». Y también: «El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? Él es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar?».

Que la liturgia de hoy nos llene, por tanto, de confianza y de esperanza en el Dios que resucitó a Jesús y lo hará también con todos sus hijos amados. Amén.

Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

sábado, 5 de noviembre de 2022

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 16,9-15

 

Evangelio según San Lucas 16,9-15
Jesús decía a sus discípulos:

"Gánense amigos con el dinero de la injusticia, para que el día en que este les falte, ellos los reciban en las moradas eternas.

El que es fiel en lo poco, también es fiel en lo mucho, y el que es deshonesto en lo poco, también es deshonesto en lo mucho.

Si ustedes no son fieles en el uso del dinero injusto, ¿quién les confiará el verdadero bien?

Y si no son fieles con lo ajeno, ¿quién les confiará lo que les pertenece a ustedes?

Ningún servidor puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No se puede servir a Dios y al Dinero".

Los fariseos, que eran amigos del dinero, escuchaban todo esto y se burlaban de Jesús.

El les dijo: "Ustedes aparentan rectitud ante los hombres, pero Dios conoce sus corazones. Porque lo que es estimable a los ojos de los hombres, resulta despreciable para Dios."


RESONAR DE LA PALABRA

Desnudarse a sí mismo

Nudus nudum Christum sequi es un antiguo lema ascético cristiano en vigor especialmente entre los primeros franciscanos. Se refiere a estar "desnudo para seguir a Cristo desnudo". San Francisco de Asís lo literalizó al desnudarse para despojarse de todo, abrazando a Cristo como su única vestimenta. Santa Ángela de Foligno, terciaria franciscana, es otra que hizo lo mismo, desnudándose ante un crucifijo como símbolo de su entrega total a Cristo. Tales actos pueden parecer excesivos y vergonzosos: sin embargo, mostraron su absoluta e irreversible elección de Dios. Simplemente se negaron a servir a dos señores. Su fidelidad también fue ricamente recompensada: Francisco se convierte en el "segundo Cristo" y Ángela, en el punto álgido de su experiencia mística, se ve a sí misma recostada sobre la Santísima Trinidad; es decir, revestida de la Trinidad. Sus vidas nos inspiran a desnudarnos en el espíritu para revestirnos sólo de Cristo.

Paulson Veliyannoor, CMF

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

viernes, 4 de noviembre de 2022

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 16,1-8

 

Evangelio según San Lucas 16,1-8
Jesús decía a sus discípulos:

"Había un hombre rico que tenía un administrador, al cual acusaron de malgastar sus bienes.

Lo llamó y le dijo: '¿Qué es lo que me han contado de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no ocuparás más ese puesto'.

El administrador pensó entonces: '¿Qué voy a hacer ahora que mi señor me quita el cargo? ¿Cavar? No tengo fuerzas. ¿Pedir limosna? Me da vergüenza.

¡Ya sé lo que voy a hacer para que, al dejar el puesto, haya quienes me reciban en su casa!'.

Llamó uno por uno a los deudores de su señor y preguntó al primero: '¿Cuánto debes a mi señor?'.

'Veinte barriles de aceite', le respondió. El administrador le dijo: 'Toma tu recibo, siéntate en seguida, y anota diez'.

Después preguntó a otro: 'Y tú, ¿cuánto debes?'. 'Cuatrocientos quintales de trigo', le respondió. El administrador le dijo: 'Toma tu recibo y anota trescientos'.

Y el señor alabó a este administrador deshonesto, por haber obrado tan hábilmente. Porque los hijos de este mundo son más astutos en su trato con los demás que los hijos de la luz."


RESONAR DE LA PALABRA

Ser astuto

La parábola del hombre rico y el mayordomo ha dejado perplejos a muchos cristianos. ¿Recomienda Jesús prácticas deshonestas? Por supuesto que no. Hay que tener en cuenta que los protagonistas de las parábolas de Jesús suelen representar a Dios o al propio Cristo. Sin embargo, en esta parábola, ninguno de los personajes representa a Dios o a Cristo. Tanto el hombre rico como el mayordomo son personas desagradables, cuyas acciones no merecen ser imitadas. Sin embargo, ¡podemos aprender algo de ellos! Jesús utiliza la parábola sólo para enseñar a sus discípulos la astucia con la que la "gente del mundo" aborda sus asuntos mundanos y para reflexionar en voz alta sobre la necesidad de abordar los asuntos celestiales con mayor astucia. Si nos preocupamos tanto por la aceptación en este mundo que hacemos todo lo posible para asegurarla, ¡cuánto más deberíamos preocuparnos por la aceptación en el mundo venidero, y ordenar nuestras vidas en consecuencia!

Paulson Veliyannoor, CMF

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

jueves, 3 de noviembre de 2022

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 15,1-10

 

Evangelio según San Lucas 15,1-10
Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo.

Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: "Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos".

Jesús les dijo entonces esta parábola:

"Si alguien tiene cien ovejas y pierde una, ¿no deja acaso las noventa y nueve en el campo y va a buscar la que se había perdido, hasta encontrarla?

Y cuando la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría,

y al llegar a su casa llama a sus amigos y vecinos, y les dice: "Alégrense conmigo, porque encontré la oveja que se me había perdido".

Les aseguro que, de la misma manera, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse".

Y les dijo también: "Si una mujer tiene diez dracmas y pierde una, ¿no enciende acaso la lámpara, barre la casa y busca con cuidado hasta encontrarla?

Y cuando la encuentra, llama a sus amigas y vecinas, y les dice: "Alégrense conmigo, porque encontré la dracma que se me había perdido".

Les aseguro que, de la misma manera, se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierte".


RESONAR DE LA PALABRA

La locura del cristianismo

Para mucha gente, el cristianismo es una auténtica locura. No tiene sentido ver a hombres y mujeres jóvenes que renuncian a su vida para vivir por Cristo e incluso para morir por él. Y tienen razón: El cristianismo es una auténtica locura; una locura que resulta de la superabundancia de amor que Dios muestra por la humanidad. Es una locura que es una imitación de la propia locura de Dios. En general, ¿qué pastor en su buen sentido arriesgaría a los noventa y nueve para ir en busca del único perdido? En la economía humana, no cuadra. O, ¿qué mujer puede acabar gastando más de lo que cuesta una moneda de plata, para celebrar el hallazgo de una moneda? Mientras que aquí en la tierra no podemos esperar a colgar a un criminal, la alegría del cielo no tiene límites cuando un pecador se arrepiente. Es este conocimiento el que hace que Pablo considere todo basura por la alegría de encontrar a Cristo, la locura de seguirlo.

Paulson Veliyannoor, CMF

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

miércoles, 2 de noviembre de 2022

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 25,31-46

 

Evangelio según San Mateo 25,31-46
Jesús dijo a sus discípulos:

"Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso.

Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos,

y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a su izquierda.

Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: 'Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo,

porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron;

desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver'.

Los justos le responderán: 'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber?

¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos?

¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?'.

Y el Rey les responderá: 'Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo'.

Luego dirá a los de su izquierda: 'Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles,

porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber;

estaba de paso, y no me alojaron; desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron'.

Estos, a su vez, le preguntarán: 'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de paso o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?'.

Y él les responderá: 'Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo'.

Estos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna".


RESONAR DE LA PALABRA

Las propias almas de Dios

La respuesta de las almas de la derecha al Rey es sorprendente: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, sediento y te dimos de beber...?". ¡Qué ignorancia e inocencia tan desarmante! Y cuando el Rey les explicó a quién habían estado ayudando en realidad, su única respuesta podría haber sido de sorpresa y deleite: ¡una experiencia "aha"! ¿Qué nos dice esto? Que estos justos no tenían ni idea de que era el Señor a quien habían estado sirviendo cuando cuidaban de los pobres y los necesitados. No ayudaban porque "vieran" el rostro de Cristo en ellos; ni porque la Biblia o la Torá o el Corán les ordenaran hacerlo. Lo hacían simplemente porque les resultaba natural ayudar; porque su corazón estaba lleno de amor y simplemente se desbordaba hacia el prójimo.

Me pregunto si estas almas no estarían más cerca del trono de Dios, ya que compartían la verdadera naturaleza de Dios mismo.

Paulson Veliyannoor, CMF

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

martes, 1 de noviembre de 2022

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 5,1-12

 

Evangelio según San Mateo 5,1-12
Al ver a la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a él.

Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo:

"Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.

Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.

Felices los afligidos, porque serán consolados.

Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.

Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.

Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios.

Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.

Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.

Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí.

Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron."


RESONAR DE LA PALABRA

Comunión de los Santos

Una pregunta con la que a veces se encuentra un religioso es: "¿Cuántos miembros hay en su Congregación?". Uno de mis compañeros tiene una respuesta preparada: "Más de 7.000 miembros". Si la respuesta sorprende al que pregunta, que puede, por tanto, poner una mirada incrédula, mi amigo le explica: "Sí, somos más de 7.000. Hay unos 4.000 en el cielo, y 3.000 aquí en la tierra". Y, ¡esa es la verdad! Tenemos que contar necesariamente cada una de las almas que nos precedieron, ya sean miembros de nuestras familias biológicas, religiosas o comunidades de fe. Siguen viviendo y relacionándose con nosotros; siguen ejerciendo su ministerio de intercesión por nosotros.

La solemnidad de la Comunión de los Santos nos recuerda que pertenecemos a una familia muy grande, parte de la cual está en el cielo y sigue siendo miembro del Cuerpo vivo de Cristo. Si lo profesamos en nuestro Credo, debemos hacer de ello una realidad con la que nos relacionamos, también en nuestra vida cotidiana.

Paulson Veliyannoor, CMF

fuente del comentario CIUDAD REDONDA