miércoles, 16 de octubre de 2019

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 11,42-46


Evangelio según San Lucas 11,42-46
«¡Ay de ustedes, fariseos, que pagan el impuesto de la menta, de la ruda y de todas las legumbres, y descuidan la justicia y el amor de Dios! Hay que practicar esto, sin descuidar aquello.
¡Ay de ustedes, fariseos, porque les gusta ocupar el primer asiento en las sinagogas y ser saludados en las plazas!
¡Ay de ustedes, porque son como esos sepulcros que no se ven y sobre los cuales se camina sin saber!".
Un doctor de la Ley tomó entonces la palabra y dijo: «Maestro, cuando hablas así, nos insultas también a nosotros».
El le respondió: «¡Ay de ustedes también, porque imponen a los demás cargas insoportables, pero ustedes no las tocan ni siquiera con un dedo!»


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos hermanos:

“Dios no tiene favoritismos”... ¡Gran frase! ¿Y yo? Uff... ¡Yo sí tengo! Pero no sé por qué intuyó que aún siendo una gran verdad, Jesús lo profundiza tanto que lo revoluciona: Jesús sí tenía preferidos. ¿Qué es si no, un amigo? Un favorito, un preferido...

Por eso vuelvo a leer la Palabra de hoy e intuyo que el problema no está en tener favoritos sino en cómo actuamos con el resto: "pasáis por alto el derecho y el amor de Dios". Podemos sentirnos ofendidos, como el jurista del evangelio de hoy, como si nos pareciera que los toques de atención de Dios sólo son para otros... ¡Qué curioso!.. No matamos, no robamos, las faltas que cometemos nos parecen menores... Y sin embargo, se nos olvida que lo que Jesús sigue sin soportar es nuestro empeño por endosar a otros cargas insoportables que nosotros ni tocamos: hacemos juicios, pasamos por alto el amor, nos apegamos a perfiles y reglamentos...

Por supuesto, poco importa si lo hacemos en situaciones cotidianas y aparentemente poco trascendentes o en grandes decisiones... La cuestión es en qué forma me hago presente en el mundo... ¿Jesús me mira y exclama un ¡Ay! doloroso o sonríe y me anima a seguir caminando? Dios no nos ofende al reprendernos… Sólo quiere que seamos aquello que ya somos y tantas veces no nos damos cuenta, enredados en exigencias, normas, cargas y juicios…

Rosa Ruiz, rmi

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

martes, 15 de octubre de 2019

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 11,37-41


Evangelio según San Lucas 11,37-41
Cuando terminó de hablar, un fariseo lo invitó a cenar a su casa. Jesús entró y se sentó a la mesa.
El fariseo se extrañó de que no se lavara antes de comer.
Pero el Señor le dijo: "¡Así son ustedes, los fariseos! Purifican por fuera la copa y el plato, y por dentro están llenos de voracidad y perfidia.
¡Insensatos! El que hizo lo de afuera, ¿no hizo también lo de adentro?
Den más bien como limosna lo que tienen y todo será puro.


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos hermanos:

La Iglesia celebra hoy a la que probablemente es la santa más conocida y querida... o una de ellas. Mujer castellana y recia, como la muralla de Ávila; acogedora y abierta como sus postigos y puertas que lejos de "separar", protegen, reúnen e invitan a entrar dentro.

Ya sé que se trata de comentar la Palabra... Permitidme que hoy lo haga de la mano de Teresa, "la de Jesús", como gustaba de llamarse ella. Proclamada por la Iglesia Doctora y, por tanto, mujer sabia, mujer que ha sabido encontrar y saborear lo esencial y además es Maestra. Es decir, nos ayuda a otros a hacer esa misma experiencia: adentrarnos en la vida, en nosotros mismos y en Dios con "determinada determinación", con pasión, con delicadeza, con todos los sentidos... Es esa forma de vivir que nos alimenta "con pan de sensatez y nos da a beber agua de prudencia", en palabras del Eclesiastés.

Podría parecer que es más descansado vivir con cierta dosis de superficialidad, sin tanto "ir a dentro" (¡con lo que cuesta sacar agua de algunos pozos a veces!) ni en mí, ni en Dios, ni en la vida... Pero cuantos han hecho esta experiencia nos dicen lo mismo: hay cargas muy ligeras y yugos muy suaves... hay un modo de ser manso y humilde de corazón que está muy adentro... que nos da descanso al Adentrarnos en El, en Su corazón... Hay un modo de ser mano y humilde que nos serena y hace pobres, pequeños, pero no nos anula, no pide nuestra sumisión. En la mejor tradición cristiana, el manso no es pusilánime; es valiente, libre, arriesgado. La humildad y mansedumbre se da en personas de carácter recio, maduras, con suficiente equilibrio interior como para no perder la libertad cuando por alguna causa, eligen no hacer lo que ellas querrían… o a su modo…

Aprendamos de Jesús, el manso y humilde. No dejemos de ser nosotros mismos, pero como Teresa, seamos "de Jesús". Siempre más adentro…

Si para recobrar lo recobrado
tuve que haber perdido lo perdido,
si para conseguir lo conseguido
tuve que soportar lo soportado.
Si para estar ahora enamorado
fue menester haber estado herido,
tengo por bien sufrido lo sufrido
tengo por bien llorado lo llorado.
Porque después de todo he comprendido
que no se goza bien de lo gozado
sino después de haberlo padecido
porque después de todo he comprobado
que lo que tiene el árbol de florido
vive de lo que tiene sepultado.


Rosa Ruiz, rmi





fuente del comentario CIUDAD REDONDA 

lunes, 14 de octubre de 2019

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 11,29-32


Evangelio según San Lucas 11,29-32
Al ver Jesús que la multitud se apretujaba, comenzó a decir: "Esta es una generación malvada. Pide un signo y no le será dado otro que el de Jonás.
Así como Jonás fue un signo para los ninivitas, también el Hijo del hombre lo será para esta generación.
El día del Juicio, la Reina del Sur se levantará contra los hombres de esta generación y los condenará, porque ella vino de los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón y aquí hay alguien que es más que Salomón.
El día del Juicio, los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación y la condenarán, porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás y aquí hay alguien que es más que Jonás.


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos hermanos:

Pedimos signos. Somos así. Necesitamos pruebas, necesitamos apuntalar y sostener nuestra poca fe. Somos así. Somos… realmente humanos. Y pareciera que, muchas veces, la vida nos dice: "no se te dará más signo que el signo de Jonás. Como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del Hombre para esta generación".

¿No os parece un poco raro este signo que se nos da? El único signo es que tú mismo lo seas para quienes te rodean... Curioso... Y me viene a la mente aquello que nos decían en el colegio: lo importante de todo signo auténtico no es el "significante" (lo que se ve) sino el "significado" (todo a lo que apunta y donde me lleva). Así qué lo más evidente en mí, lo que todos ven, es importante pero lo realmente esencial es lo que significo, aquello a lo que soy capaz de apuntar e invitar a otros... ¡Qué buena noticia!

Y además la Palabra de hoy propone otro reto: saber ver y reconocer a quienes son signo delante de nuestras narices... ¡y nos pasan desapercibidos!, ¡no los reconocemos! Y es que a veces nos cuesta tanto VER alrededor… Ver con mayúscula, ver de verdad.

Se nos juzgará, como dice el evangelio, por nuestra incapacidad para saber ver, para reconocer tantos signos de Reino, de bondad, de verdad, de fidelidad... Porque sin duda, también hay tanto anti-signo queriendo desesperanzarnos y confundirnos…! Corrupción, mentiras, mediocridad, envidia, superficialidad, amargura... Uff...

Pero, ¡mira! Aquí, en medio de nosotros hay Uno que es más que Salomón.... Esta aquí! Sólo es cuestión de reconocerlo! Y me lo digo a mi misma para no olvidarlo: lo importante de todo signo es su capacidad de significado...

La Iglesia hoy recuerda a San Calixto, papa y mártir, probablemente, un esclavo desterrado hacia el año 155 y condenado a trabajos forzados en las minas de Cerdeña durante más de 30 años. Al ser liberado, fue ordenado diacono y después elegido Papa. ¡Otro signo en la Historia! Te invito a visitar las catacumbas de san Calixto virtualmente y a disfrutar recordando la capacidad de “significar” de los primeros cristianos, aún perseguidos y condenados sin ninguna visibilidad social, aparentemente. Curioso, ¿no?

Rosa Ruiz, rmi

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

domingo, 13 de octubre de 2019

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 17,11-19

Evangelio según San Lucas 17,11-19
Mientras se dirigía a Jerusalén, Jesús pasaba a través de Samaría y Galilea.
Al entrar en un poblado, le salieron al encuentro diez leprosos, que se detuvieron a distancia
y empezaron a gritarle: "¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!".
Al verlos, Jesús les dijo: "Vayan a presentarse a los sacerdotes". Y en el camino quedaron purificados.
Uno de ellos, al comprobar que estaba curado, volvió atrás alabando a Dios en voz alta
y se arrojó a los pies de Jesús con el rostro en tierra, dándole gracias. Era un samaritano.
Jesús le dijo entonces: "¿Cómo, no quedaron purificados los diez? Los otros nueve, ¿dónde están?
¿Ninguno volvió a dar gracias a Dios, sino este extranjero?".
Y agregó: "Levántate y vete, tu fe te ha salvado".

RESONAR DE LA PALABRA

La clave es el agradecimiento

La clave de las lecturas de hoy es el agradecimiento: el leproso en el Evangelio y el de Naamán en la primera lectura. La acción de gracias es también la clave de la vida cristiana, de nuestra relación con Dios, con Jesús y con los hermanos. De la fe brota el agradecimiento. Y ahí, precisamente ahí, como dice el Evangelio está la salvación, la vida nueva. O, dicho de otra manera, la asunción de otro estilo de vida, más pleno, más humano y, por eso, más divino.

En nuestra cultura damos las gracias cuando nos hacen un favor o nos regalan algo. Cuanto más inesperado o más gratuito, más sentidas son las gracias. Siempre es un reconocimiento de que hemos recibido algo de forma gratuita. Lo que se recibe de esa manera adquiere un valor tal para la persona que establece una relación con el donante que va más allá de cualquier consideración interesada o egoísta. El favor no se devuelve. Simplemente se establece una relación de gratuidad, de cariño, entre las personas. No hay cálculo de costes. Hay relación personal, un lazo que es difícil de romper. 

Hay personas que, olvidándose de la gratuidad, tratan de convertir esa relación en una relación comercial. Y el favor se devuelve calculando los costes del favor recibido. Pero en ese caso la relación pierde su carácter de gratuidad y las gracias se desnaturalizan. No hay agradecimiento sino pago. En ese caso se pierde la relación. Devuelto el favor, “si te he visto no me acuerdo”, como dicen el refrán. 

Nuestra relación con Dios es una relación de agradecimiento. De él hemos recibido todo en total gratuidad. La vida, la libertad, el amor, la creación... No hay medida que pueda contar lo que hemos recibido. Los que pretenden hacer de su relación con Dios una suerte de contabilidad, de toma y daca, de “voy a misa para que Dios me salve” o “para que me perdone”, se pierden en un laberinto sin salida. Como Eliseo, Dios no acepta nada, no le hace falta nada. En cierto sentido, nada de lo que hagamos le puede interesar. Él nos ha hecho el regalo de la vida y, en su amor total por nosotros, no tiene más interés que lo disfrutemos, que lo gocemos, que vivamos a fondo nuestra responsabilidad, que hagamos realidad la fraternidad entre nosotros y con toda la creación. Más allá de la devolución del favor –intento imposible con relación a Dios–, brota el agradecimiento, la acción de gracias. Ahí nos encontramos con la salvación. El que vive en “acción de gracias permanente” vive la salvación. Jesús cura a los 10 leprosos. Pero sólo del que vuelve dice que “su fe le ha salvado”. Los otros están perdidos en su laberinto. Menos mal que Dios les quiere igual. 

Para la reflexión

¿Me cuesta dar las gracias cuando me hacen un favor? ¿Calculo cómo voy a devolverlo o me dejo llevar por el agradecimiento sencillo? ¿Vivo mi relación con Dios como una acción de gracias continua? ¿Por qué se dice que la Eucaristía es una acción de gracias?

Fernando Torres cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

sábado, 12 de octubre de 2019

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 11,27-28


Evangelio según San Lucas 11,27-28
Cuando Jesús terminó de hablar, una mujer levantó la voz en medio de la multitud y le dijo: "¡Feliz el seno que te llevó y los pechos que te amamantaron!".
Jesús le respondió: "Felices más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la practican".

RESONAR DE LA PALABRA

Queridos hermanos:

Hace muchos siglos, la evangelización de los Apóstoles se inició con una certeza: Jesús, que los había enviado, los acompañaba en ese tarea. Todos los días hasta el fin del mundo. El Señor, iba por delante de ellos. El Espíritu les inspiraba la palabra oportuna y les infundía la fortaleza frente a la adversidades y sinsabores de la misión. Pero llegaban los momentos de desánimo, la sensación de fracaso: Preguntadle al Apóstol Santiago.

Los cimientos de nuestra fe se asientan sobre la roca de los apóstoles. Y, María, la Virgen del Pilar, no es ajena a lo que vamos construyendo. Su fiesta es una invitación a fortalecer y renovar esa fe. Más en este año de la fe que ya concluye. Podemos echar una mirada hacia atrás, no por nostalgia, sino para comprobar la multitud de hermanos nuestros (Hb 12, 1) que han vivido con hondura y verdad la fe en Jesucristo. Hoy, como el Apóstol Santiago, también necesitamos ser sostenidos y acariciados por la mano de la Madre del Señor. En nuestros desvelos, luchas, fatigas, desánimos, incomprensiones y contrariedades como discípulos de Jesús, ella pone su Pilar debajo de nosotros para que no tiremos la toalla en nuestro empeño de llevar a Jesús hasta los últimos confines del orbe.

Nuestra Sra del Pilar en Zaragoza es una imagen pequeñita de una mujer con su hijo en brazos. La rodea una enorme corona que imita un sol resplandeciente. Está colocada sobre un pilar de piedra, que se ha ido desgastando por nuestros besos cariñosos, hasta hacerle casi un boquete.

Esto de la columna desgastada me sugiere que algo parecido le ha ido pasando ella. María en el Evangelio es una figura discreta, que aparece en muy pocas escenas, y de la que se nos han conservado muy pocas palabras. Con el paso de los siglos, y seguramente por el cariño y la admiración que despertó los cristianos, se convirtió en «otra cosa». Empezamos a rodearla de elementos extraños. Así, en distintas épocas de la historia, nos la han pintado arrodillada en su casa sobre un reclinatorio, rodeada continuamente de ángeles, vestida de gran dama del Renacimiento, coronada de florecitas por pajaritos que revoloteaban alrededor de su cabeza... la fuimos llenando de coronas, mantos, joyas, privilegios... Pero «no era ella». Nos la presentaban como la mujer recogida en casa, ocupada en las tareas del hogar, obediente a José y cuidando del Hijo, ¡muy pasiva!, como en las nubes... Con frecuencia se la hecho sujeto de extrañas revelaciones bien poco evangélicas, de mensajes de condena y amenazas. Hasta el punto de llegar, en algunos casos, a eclipsar, a ocupar el lugar de su propio Hijo. La fuimos convirtiendo en una mujer digna de admiración, devoción y adoración... a la vez que la alejábamos de nuestra vida real, y perdíamos su verdadero sentido y misión.

El Concilio Vaticano II y después el gran Pablo VI, ya se dieron cuenta de todo este lío, y nos hicieron una invitación a revisar nuestro culto mariano, la teología, y a suprimir todo lo legendario, fantasioso y mágico, para recuperar a María del Evangelio. Y comenzamos una tarea de demolición que ha traído dos consecuencias:

- Algunos cristianos siguen a lo suyo, y siguen tratándola como una especie de diosa, y haciéndola objeto de todo tipo de excesos e incoherencias.

- Otros, particularmente los más jóvenes, «se han quedado sin Madre». No saben qué hacer con ella. No saben relacionarla con su vida de fe, con lo que viven cada día. Se les ha perdido entre dogmas, extraños privilegios y gracias que no terminan de entender. Incluso ven en ella el tipo de mujer obediente, pasiva, callada... que muchas mujeres están tratando de superar.

El Evangelio es el que pone las cosas en su sitio. ¿Qué tenemos que buscar en esta mujer, a la que aclamamos como el “Pilar de nuestra fe”?

- María, en primer lugar, es la Mujer del «Haced lo que él os diga». Su primer empeño es que pongamos la atención en quien más se la merece: su Hijo. Cada vez que nos tomamos en serio las palabras de Jesús, le estamos dando un alegrón. Este es el mejor culto que le podemos dar.

- En segundo lugar: María es la mujer del «Hágase en mí todo lo que has dicho». Es la que escucha la Palabra con atención, y la cumple. Dios puede hacer con nosotros las obras grandes que ha soñado para nuestro bien. María, la Mujer que guardaba la Palabra en su corazón, tratando de comprenderla y aplicarla a su vida.

- En tercer lugar: Ella fue una mujer en un pueblo perdido del Imperio, que sufrió las incomprensiones de su embarazo; emigrante huida a Egipto (y ya sabemos lo mal que lo pasan muchos de ellos); no pocas veces desconcertada al no entender el comportamiento de su Hijo. Tuvo que ver cómo su Hijo iba fracasando en su tarea, y se lo quitaban clavándolo en una cruz. Su vida estuvo muy envuelta en sufrimientos y dificultades. Peregrina de la fe. No le llegaron telegramas celestiales, ni más Mensajeros angelicales que le aclarasen o resolviesen las cosas. Su realidad no fue muy distinta de la de cualquiera de nosotros. Pero sí que fue la mujer de la fe, la esperanza, y el amor incondicional.

- En cuarto lugar: Si leemos el cántico que ella misma proclama en el Evangelio (de Lucas), María no tiene nada de pasiva, callada, conformada encerrada en sí misma. Allí grita proféticamente, sin temor y orgullosa, que su Dios dispersa a los soberbios y enaltece a los humildes, que a los hambrientos los colma de bienes, y echa de su lado, vacíos, a los ricos. María destila Evangelio, compromiso con los pobres, inconformismo con la situación social, una gran sensibilidad hacia las necesidades de la gente de su pueblo. Por eso, me imagino que estaría encantada de que sus hijos la dejaran repartir lo que vamos dejando a sus pies... entre esos otros hijos que lo necesitan todo para sobrevivir.

- Para terminar, ella es, por voluntad de Jesús, nuestra Madre. Y como buena Madre, nos da orientaciones de vida, está al lado en los momentos difíciles (junto a la cruz), nos llena de confianza en nosotros mismos, se esfuerza porque seamos hermanos de todos los hombres, alrededor de la mesa del Señor; sufre cuando no hacemos caso a su Hijo. Reza, (ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte).

Arrimarse al Pilar de Zaragoza, visitarla en su Basílica, celebrarla en esta fiesta de hoy es escuchar el susurro de las aguas, no tanto las del Ebro, cuanto las del Espíritu, que nos invitan, especialmente en estos tiempos recios, a que no dejemos de avanzar en el conocimiento de Jesús, y en procurar -como Santiago y como todos los que nos llamamos discípulos de su Hijo- que todos los hombres le conozcan, le sirvan y le amen.

CR

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

viernes, 11 de octubre de 2019

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 11,15-26


Evangelio según San Lucas 11,15-26
Habiendo Jesús expulsado un demonio, algunos de entre la muchedumbre decían: "Este expulsa a los demonios por el poder de Belzebul, el Príncipe de los demonios".
Otros, para ponerlo a prueba, exigían de él un signo que viniera del cielo.
Jesús, que conocía sus pensamientos, les dijo: "Un reino donde hay luchas internas va a la ruina y sus casas caen una sobre otra.
Si Satanás lucha contra sí mismo, ¿cómo podrá subsistir su reino? Porque -como ustedes dicen- yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul.
Si yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul, ¿con qué poder los expulsan los discípulos de ustedes? Por eso, ustedes los tendrán a ellos como jueces.
Pero si yo expulso a los demonios con la fuerza del dedo de Dios, quiere decir que el Reino de Dios ha llegado a ustedes.
Cuando un hombre fuerte y bien armado hace guardia en su palacio, todas sus posesiones están seguras,
pero si viene otro más fuerte que él y lo domina, le quita el arma en la que confiaba y reparte sus bienes.
El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama.
Cuando el espíritu impuro sale de un hombre, vaga por lugares desiertos en busca de reposo, y al no encontrarlo, piensa: 'Volveré a mi casa, de donde salí'.
Cuando llega, la encuentra barrida y ordenada.
Entonces va a buscar a otros siete espíritus peores que él; entran y se instalan allí. Y al final, ese hombre se encuentra peor que al principio".

RESONAR DE LA PALABRA

Queridos hermanos:

El Evangelio de este día se nos hace especialmente difícil por el lenguaje y el universo simbólico y bíblico que lleva, tan ajeno al nuestro. Hagamos, pues, algunas sencillas aclaraciones, a modo de guiones para facilitar la comprensión y la reflexión de este relato:

- «El dedo de Dios» es una expresión que viene ya del Éxodo y aún antes (8,15 por ejemplo) y que quiere simbolizar «el poder de Dios», la autoridad de Dios.

- El "Príncipe de los demonios" que aquí se le llama también Beelzebú. «Belzebú» era una deformación burlona del nombre de una divinidad fenicia a la que se denominaba Baal-Zebul (Dios del cielo). Esa deformación permitía referirse a esa divinidad como «dios de las moscas y de las inmundicias donde se posan las moscas». Sería el «jefazo» principal del Reino de Satanás. En cualquier caso, es todo un insulto que se refieran a Jesús relacionándole con él.

- Sin entrar en discusiones sobre el concepto de «demonio», en tiempos de Jesús (y no sólo) era muy habitual atribuirles todos los males y tentaciones. Y se encontraban médicos y magos que hacían exorcismos, con distintos grados de éxito. Por lo cual, al ver a Jesús hacer estas curaciones, no se deducía inmediatamente que él viniera de parte de Dios, y algunos dudaban de sus intenciones. Jesús con sus palabras y hechos explica cuál es la razón, sentido y objetivo de sus milagros: El Reino (Dios) ha llegado hasta vosotros. Pero le piden «una señal del cielo». Quieren evidencias y fenómenos espectaculares. Y no las van a tener.

- Al comienzo de su Evangelio, Lucas nos presentó a Jesús en «lucha» contra el demonio en el desierto. Y poco después, su primer milagro: la curación de un endemoniado. Como queriendo decir que la presencia de Jesús entre nosotros supone un combate una guerra sin cuartel para que el mal (los demonios) que aprisiona, hace sufrir y destruye al hombre... retroceda y quede vencido. Definitivamente en la cruz y en la mañana de Pascua. 

- Siempre que alguien actúa para liberar, curar, recuperar, acoger a otro hombre... está colaborando con Jesús: El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama. Y también al revés: «los que estamos con Jesús» tenemos que combatir a brazo partido contra los muchos «demonios» que hoy dañan al hombre... y contra los «Príncipes» de este mundo... que a menudo son de carne y hueso, pero también a menudo son «fuerzas invisibles» o no localizadas: El mercado, la política, la economía, los grupos mediáticos, las multinacionales...etc

- Mientras estamos en este mundo, el proceso de conversión y de lucha contra nuestros «demonios», nunca termina. No hay que bajar la guardia, porque podemos superar una situación difícil, vencer aparentemente... y volver a caer de nuevo en ella o incluso en otra peor.

- Por último, la advertencia de Jesús sobre el fracaso de todo reino dividido... también vale para la Iglesia. Aquello del viejo refrán: «·divide y vencerás». Una llamada, pues, a la unidad en lo esencial, a no andar divididos por temas bastante secundarios, a disfrutar de la «pluralidad» y variedad de carismas, sensibilidades y estilos, a unir todas las fuerzas posibles (con cualquiera que quiera defender la dignidad humana)... en sana complementación y a no perder energías en absurdas riñas internas.

CR

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

jueves, 10 de octubre de 2019

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 11,5-13


Evangelio según San Lucas 11,5-13
Jesús dijo a sus discípulos:
"Supongamos que alguno de ustedes tiene un amigo y recurre a él a medianoche, para decirle: 'Amigo, préstame tres panes,
porque uno de mis amigos llegó de viaje y no tengo nada que ofrecerle',
y desde adentro él le responde: 'No me fastidies; ahora la puerta está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados. No puedo levantarme para dártelos'.
Yo les aseguro que aunque él no se levante para dárselos por ser su amigo, se levantará al menos a causa de su insistencia y le dará todo lo necesario.
También les aseguro: pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá.
Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre.
¿Hay entre ustedes algún padre que da a su hijo una piedra cuando le pide pan? ¿Y si le pide un pescado, le dará en su lugar una serpiente?
¿Y si le pide un huevo, le dará un escorpión?
Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan!".

RESONAR DE LA PALABRA

Queridos hermanos:

Pues sinceramente, no es lo primero que a uno se le ocurre al dirigirse a Dios: pedirle su Espíritu Santo. Nos salen fácilmente mil otras cosas antes que esta que nos propone Jesús, más de andar por casa, más que nos saquen las castañas del fuego. Es humano que así sea. Pero es importante al acercarnos a Dios para comunicarnos con él, sobre todo para pedir, que recordemos aquello que nos viene ya de Isaías (55, 8): «Porque mis planes no son vuestros planes, ni vuestros caminos como los míos».

Esto lo tuvo que aprender Pedro (y también nosotros) cuando Jesús advirtió del sufrimiento, el rechazo y la muerte que le esperaban. A él, y a los suyos. La «petición» de Pedro fue: «Dios no lo quiera, eso no te puede ocurrir». Pero Dios sí lo quería, la «voluntad del Padre» era otra. Pedro estaba siendo «tentador» (Satanás). Y Jesús tuvo que reñirle.

Sus seguidores hemos recibido el encargo de sanar y expulsar espíritus. Y vamos a ello con nuestra mejor buena voluntad, pero se repite la experiencia de que «no podemos», no lo conseguimos. «Porque esta clase de demonios no puede ser expulsada sino con la oración» (Mc 9, 14-29). «Todo es posible para el que tiene fe», nos asegura Jesús». Pero nuestra fe es pequeña y tenemos que orar: «Auméntanos la fe» (Lc 17, 5).

Cuando nos llegan los momentos más difíciles, los momentos del desconcierto, de dudar de todo, cuando aparece el miedo, nuestra tentación es «dormirnos» y abandonar la plegaria insistente que puede darnos luz y fuerzas para seguir hasta el final. "Velad y orad para que no caigáis en tentación" (Mt 26, 41).

En definitiva: nuestra mente y nuestro corazón están bastante lejos de los de Dios y de su Hijo. Y lo que podemos conseguir con nuestras pobres intenciones y fuerzas... no es demasiado. "Sin mí no podéis hacer nada" (Jn 15, 5). 

Jesús es el que ha «buscado» el Reino de Dios y su justicia... y ha recibido con él todo lo demás. Jesús es el que ha «pedido» «que pase de mí este cáliz, pero que se haga tu voluntad». Y ha sido escuchado. Jesús es el que ha «llamado», a gritos, «¿por qué me has abandonado?». Y el Padre le ha respondido. 

En la oscuridad de la medianoche, en las tinieblas del Viernes Santo, se encendió la Luz. La tremenda puerta cerrada del sepulcro quedó abierta, y se levantó (resucitó) para darnos el Pan de Vida. 

Esta es nuestra seguridad y confianza para no cansarnos de orar, y seguir pidiendo: «Padre, haznos como él; derrama sobre nosotros el Espíritu del Señor, el Espíritu de tu Hijo, para que sepamos orar según tus pensamientos, para que acertemos a tomar tus caminos. Danos, pues, el Espíritu Santo... y no necesitamos pedirte nada más».

CR

fuente del comentario CIUDAD REDONDA