domingo, 27 de febrero de 2022

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Marcos 10,17-27

 

Evangelio según San Marcos 10,17-27
Cuando Jesús se puso en camino, un hombre corrió hacia él y, arrodillándose, le preguntó: "Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la Vida eterna?".

Jesús le dijo: "¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno.

Tú conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no perjudicarás a nadie, honra a tu padre y a tu madre".

El hombre le respondió: "Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud".

Jesús lo miró con amor y le dijo: "Sólo te falta una cosa: ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme".

El, al oír estas palabras, se entristeció y se fue apenado, porque poseía muchos bienes.

Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: "¡Qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de Dios!".

Los discípulos se sorprendieron por estas palabras, pero Jesús continuó diciendo: "Hijos míos, ¡Qué difícil es entrar en el Reino de Dios!.

Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de Dios".

Los discípulos se asombraron aún más y se preguntaban unos a otros: "Entonces, ¿quién podrá salvarse?".

Jesús, fijando en ellos su mirada, les dijo: "Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para él todo es posible".


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos amigos:

Hoy y mañana vamos a leer como primera lectura algún fragmento de la primera carta de Pedro. Lo más llamativo de este escrito es que, en sus cinco capítulos, hace una hermosa síntesis de todo el nuevo testamento. Y no sólo eso, sino que comunica seguridad y entusiasmo, dos notas de las que estamos muy necesitados en nuestros días. Con bastante probabilidad, el autor de este escrito fue un discípulo anónimo de la escuela de Pedro que puso su obra bajo la autoridad del apóstol, seguramente al poco tiempo del martirio de este. La carta está dirigida a comunidades rurales, poco organizadas y de extracción humilde: campesinos, pastores, gente de clase baja. Todo esto las hace muy vulnerables en medio de una sociedad hostil. Por eso el autor subraya mucho la solidaridad que tiene que existir en el seno de las comunidades cristianas para poder soportar cualquier contratiempo.

Hoy me fijo en una sola frase: "No habéis visto a Jesucristo y lo amáis". ¡He aquí la entraña de la fe! ¿Cuántas veces nos vemos impotentes para justificar muchos aspectos de nuestra fe y, sin embargo, nos sentimos visitados por una seguridad que no nace ni de los argumentos ni de nuestra conducta irreprochable? ¡Es la fuerza del amor! Es la misma fuerza a la que se refiere Jesús en el evangelio, la que permite superar el cumplimiento de los preceptos para ir detrás de Él. Sin la fuerza del amor, no vendemos lo que tenemos y no lo damos. Al contrario, con el paso del tiempo caemos en la cuenta de que necesitamos buscarnos muchas seguridades.

"Señor, hoy, seducido por algunas cosas y paralizado por otras, te pido que me concedas amarte por encima de todo. Yo sé que lo que es imposible para mí constituye tu don más precioso y posible".

CR

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

sábado, 26 de febrero de 2022

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 6,24-34

 


Evangelio según San Mateo 6,24-34
Dijo Jesús a sus discípulos:

Nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien, se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No se puede servir a Dios y al Dinero.

Por eso les digo: No se inquieten por su vida, pensando qué van a comer, ni por su cuerpo, pensando con qué se van a vestir. ¿No vale acaso más la vida que la comida y el cuerpo más que el vestido?

Miren los pájaros del cielo: ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros, y sin embargo, el Padre que está en el cielo los alimenta. ¿No valen ustedes acaso más que ellos?

¿Quién de ustedes, por mucho que se inquiete, puede añadir un solo instante al tiempo de su vida?

¿Y por qué se inquietan por el vestido? Miren los lirios del campo, cómo van creciendo sin fatigarse ni tejer.

Yo les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de ellos.

Si Dios viste así la hierba de los campos, que hoy existe y mañana será echada al fuego, ¡cuánto más hará por ustedes, hombres de poca fe!

No se inquieten entonces, diciendo: '¿Qué comeremos, qué beberemos, o con qué nos vestiremos?'.

Son los paganos los que van detrás de estas cosas. El Padre que está en el cielo sabe bien que ustedes las necesitan.

Busquen primero el Reino y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura.

No se inquieten por el día de mañana; el mañana se inquietará por sí mismo. A cada día le basta su aflicción.


RESONAR DE LA PALABRA

MAESTROS DE VIDA PARA DISCERNIR

 Siguiendo con el Sermón de las Bienaventuranzas, y después de llamarnos al perdón y al amor a los enemigos, y a ser misericordiosos como su Padre... propone Jesús una breve parábola sobre los «guías» ciegos y la necesidad del arte del discernimiento y del acompañamiento. Para saber cómo ponerlas en práctica, necesitamos orientación, apoyo, acompañamiento para no quedarnos en generalidades, vaciarlas de contenido o desanimarnos ante sus exigencias. Realmente es difícil que uno, por sí mismo, con su único y personal criterio crezca y madure en su fe, progrese en el discipulado o vaya descubriendo la voluntad de Dios sobre él. Y no es extraño atascarse, darle mil vueltas a ciertos aspectos, autoengañarse, cansarse, conformarse, confundir «lo bueno» con lo que el Señor realmente espera de mí, plantearme unas exigencias tan elevadas que acaben por agotarme, etc

Es decir: que necesitamos a alguien que nos guíe, nos muestre el camino, algún Maestro de Vida que nos ayude a «aterrizar» el Evangelio en nuestras circunstancias personales concretas... pero sin imponernos, sin tomar decisiones por nosotros, que nos respete... que no sean «guías ciegos». ¿De quién o de quiénes hablamos?

Pues en primer lugar, claro, el Espíritu Santo. Jesús nos dice en el Evangelio de Juan que «cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará»(Jn 16, 13-14). Es un Espíritu que el Padre dará a los que se lo piden (Lc 11,13) y que ya ha sido derramado en nuestros corazones, somos sus Templos. Por tanto, podemos fácilmente pedirle ayuda en la oración: Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero. (Secuencia de Pentecostés).

Y después podemos contar con «personas de Espíritu» que nos iluminen y saquen de nuestras dudas y callejones sin salida. No se trata de un «especialista» que nos suelta un rollo teórico y abstracto, ni nos llena la cabeza de ideas, o de normas y condiciones. Menos todavía toma decisiones que nos competen, ni nos impone ni nos manda nada. Sino que más bien nos muestra un camino práctico, experiencial, que nos va guiando hacia la gloria del Señor, sin esquivar el sacrificio, la renuncia o el sufrimiento de la cruz. El Espíritu nos conduce siempre por los caminos de la compasión, de la solidaridad, del amor, de la entrega personal, de la verdad, de la justicia, del encuentro, de la paz.

Por eso explica Jesús que lo primero que tenemos que reparar y perfeccionar es nuestro modo de mirar y de juzgar. La comparación que usa es bien clara: me tengo que sacar primero la viga de mi ojo antes de pretender sacar la brizna de hierba del ojo de mi hermano. El Papa Francisco insiste a menudo en la sana costumbre de “acusarse uno mismo, en vez de (o antes) de acusar a los demás".

Hay que revisar esa seguridad de que tenemos razón y que todo lo tenemos claro porque nos condicionan muchas voces, que serían como vigas que lo tapan y deforman todo. Por eso, hay que empezar por detectar en mí los afectos, las ideas, los prejuicios, las vendas que pueden cegar o hacer que mi juicio sea equivocado. No podemos encontrar o discernir el bien y la verdad si, por ejemplo, nos encastillamos en nuestras ideas y posturas previas, en los nuestros, en los que piensan y son como yo (la polarización tan extendida últimamente, la cerrazón, la rigidez). Así no hay discernimiento ni acompañamiento que valga, puesto que somos seres de encuentro, para tener puentes, facilitar diálogos y acuerdos, relativizar posturas cerradas...

Como tampoco podemos buscar la voluntad de Dios si sólo tenemos en cuenta nuestro bien particular, nuestros gustos y conveniencias, perdiendo de vista o ignorando a los otros, a los que están peor (esos «bienaventurados»...).

Por último, el Maestro presenta el criterio de los frutos. Cada árbol se reconoce por su fruto. No por los bellos ramajes, o por su tamaño, o porque adorna y queda bien. Los higos o los racimos no brotan de cualquier árbol. Si el corazón va sacando el bien, la bondad, el perdón, la solidaridad, la generosidad, la paz, la justicia, la dignidad, el respeto... querrá decir que estamos en el camino correcto. Y se notará hasta en las palabras que salgan de nuestra boca.
Concluyendo:

Primero es necesaria la guía y la acción del Espíritu y el empeño de buscar en nuestra vida la voluntad de Dios. En esto no podemos quedarnos atascados: «ya soy bueno», o «no sé qué más debiera hacer».

Segundo, son mas necesarios que nunca auténticos maestros de vida que nos ayuden a caminar y a seguir dando fruto incluso en la vejez, estando lozanos y frondosos (así nos ha dicho el Salmo).

Tercero: coger la grúa y empezar a quitar tantas vigas de en medio que nos tapan la mirada.

Y cuarto: Los frutos. Son lo que vale. No los discursos ni las palabras.

Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf  

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

jueves, 24 de febrero de 2022

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Marcos 10,1-12

 

Evangelio según San Marcos 10,1-12
Jesús fue a la región de Judea y al otro lado del Jordán. Se reunió nuevamente la multitud alrededor de él y, como de costumbre, les estuvo enseñando una vez más.

Se acercaron algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le plantearon esta cuestión: "¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer?".

El les respondió: "¿Qué es lo que Moisés les ha ordenado?".

Ellos dijeron: "Moisés permitió redactar una declaración de divorcio y separarse de ella".

Entonces Jesús les respondió: "Si Moisés les dio esta prescripción fue debido a la dureza del corazón de ustedes.

Pero desde el principio de la creación, Dios los hizo varón y mujer.

Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre,

y los dos no serán sino una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne.

Que el hombre no separe lo que Dios ha unido".

Cuando regresaron a la casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre esto.

El les dijo: "El que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra aquella;

y si una mujer se divorcia de su marido y se casa con otro, también comete adulterio".


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos amigos, paz y bien.

La cuestión del divorcio sigue siendo muy actual. Aunque, a lo peor, no tanto, porque la gente se casa menos. Pero es uno de los temas por los que más “discuto” con los amigos, cuando estoy de vacaciones. Yo siempre les digo que la opinión de la Iglesia es para los creyentes, que si ellos no se consideran así, no tienen por qué enfadarse con lo que dice el Magisterio. Pero eso es otra cuestión.

Continuamos acompañando a Jesús, en su camino evangelizador, enseñando por todas partes. En esta ocasión, sus enemigos intentan otra vez liarlo con cuestiones legales. La ley está muy bien, nos hace falta, para vivir en sociedad. Sin leyes, viviríamos mucho peor. Primaría la ley del más fuerte. En muchas sociedades antiguas, las primeras leyes eran, además aglutinantes de la comunidad. Gracias a las normas, la gente puede saber a qué atenerse.

Pero, como ya sabemos, a Jesús no le interesa tanto la ley, como el sentido de la misma. Hay que ir siempre a la raíz de las cosas, para poder entenderlas mejor. Lo que está claro para Cristo es que lo que Dios ha unido, es mejor que no lo separe el hombre. En el fondo de la unión matrimonial está el amor entre un hombre y una mujer, que prometen vivir juntos, en fidelidad, y recibir de Dios los hijos que Él quiera darles.

El acta de repudio fue una (pequeña) garantía para la mujer, una forma de defensa frente al abandono. Nada que ver con lo que hoy entendemos, pero algo es algo. Sin embargo, en la concepción cristiana del matrimonio, la clave es la fidelidad, una fidelidad que se sostiene en el amor. No puede la ley garantizar el amor. Deben hacerlo los propios cónyuges.

“El Señor es compasivo y misericordioso”. Puede ser un buen lema para los esposos, en los casos en que la luna de miel quede ya lejos, y los roces del día a día hayan ido desgastando el amor primero. El Papa Francisco siempre aconseja en las bodas que los cónyuges no se duerman nunca enfadados, que hablen y comenten los problemas de cada día. Ponerse en el lugar del otro, intentar escuchar (no con la respuesta preparada antes de que el otro termine), saber perdonar, aprender a olvidar lo secundario y centrarse en lo fundamental. En lo más importante, en el amor de dos personas que quieren compartir sus vidas para siempre.

“El Señor es compasivo y misericordioso”. Que no se nos olvide nunca. Nunca. Y que no nos falte nunca la paciencia, que es virtud bien buena y que, parece, alarga la vida. Paciencia es la primera palabra que aprendí en Rusia, cuando todavía había colas por todas partes, en el año 1997. La paciencia todo lo alcanza, decía santa Teresa. Me voy convenciendo de que es así.

Nuestro hermano en la fe, Alejandro, C.M.F.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

miércoles, 23 de febrero de 2022

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Marcos 9,41-50

 

Evangelio según San Marcos 9,41-50
Jesús dijo a sus discípulos:
«Les aseguro que no quedará sin recompensa el que les dé de beber un vaso de agua por el hecho de que ustedes pertenecen a Cristo.
Si alguien llegara a escandalizar a uno de estos pequeños que tienen fe, sería preferible para él que le ataran al cuello una piedra de moler y lo arrojaran al mar.
Si tu mano es para ti ocasión de pecado, córtala, porque más te vale entrar en la Vida manco, que ir con tus dos manos a la Gehena, al fuego inextinguible.
Y si tu pie es para ti ocasión de pecado, córtalo, porque más te vale entrar lisiado en la Vida, que ser arrojado con tus dos pies a la Gehena.
Y si tu ojo es para ti ocasión de pecado, arráncalo, porque más te vale entrar con un solo ojo en el Reino de Dios, que ser arrojado con tus dos ojos a la Gehena,
donde el gusano no muere y el fuego no se apaga.
Porque cada uno será salado por el fuego.
La sal es una cosa excelente, pero si se vuelve insípida, ¿con qué la volverán a salar? Que haya sal en ustedes mismos y vivan en paz unos con otros».


RESONAR DE LA PALABRA
 

Queridos amigos, paz y bien.

Se lee hoy en la liturgia una recopilación de varios dichos de Jesús. De todos y cada uno se puede aprender, porque la Palabra es siempre viva y eficaz. En el fondo, se trata de entender cómo tenemos que vivir, en todos los momentos de nuestra vida.

Desde la clave de la primera lectura, donde se critica a los que solo viven para el dinero, a cualquier precio, incluso pasando por encima de los demás y abusando de ellos, podemos entender la llamada a ser generosos, aunque sea solo un vaso de agua. Ninguna de las buenas obras que hacemos queda sin recompensa. Que no seamos idólatras del dinero. No hace falta ser millonario para caer en esta trampa. Revisa hoy si te cuesta mucho dejar tus cosas o dar una pequeña ayuda, cuando te lo piden. A lo mejor no somos tan pobres de espíritu como deberíamos.

Los siguientes consejos nos recuerdan que debemos siempre estar alerta, para evitar los motivos de escándalo que provienen de dentro de cada persona. Está muy claro que no hay que amputar nada (el filósofo Orígenes, en el siglo segundo, se lo tomó al pie de la letra, el pobre), sino que se trata de intentar controlar las ganas de dominar a los demás, como sugieren las referencias al pie o a la mano, o los malos deseos y los planes egoístas, que se insinúan en la imagen del ojo. Sabemos que por la vista entran muchos de los malos deseos que después se alojan en nuestros corazones, querámoslo o no.

Ser luz del mundo y sal de la tierra. “Eres del mundo la sal”, decía una canción del musical “Godspell”, hace algunos años. Una sal mojada ya no sirve para nada. La sal es una sustancia que, en su momento, fue muy valiosa, para conservar los alimentos. Nos ha llegado, incluso, la palabra “salario”. Ser la sal de la tierra no es tarea fácil. He conocido a mucha gente que, al comenzar el camino de la fe, arranca con mucha fuerza, pero va perdiendo fuerza poco a poco, hasta que, ante las primeras frustraciones, renuncian a seguir. Su sal se ha mojado, ya no sirve para nada.

Es un riesgo que nos puede afectar a todos, incluso a los religiosos: el cansancio, el pensar que lo que hacemos no tiene mucho sentido, no verle fruto a lo que hacemos. Pero, a pesar de todo, somos la sal de la tierra. Si se nos olvida echar sal en la comida, nos sabe rara. Se echa de menos. Sin nuestra aportación, el mundo será más soso. Se echará de menos, y, cuando llegue el momento de encontrarnos con el Hacedor, tendremos que responder también. Ojalá hayamos repartido toda la sal que llevamos dentro, y hayamos vivido en paz con todos los que nos rodean. Que no es un mal propósito.

Nuestro hermano en la fe, Alejandro, C.M.F.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

martes, 22 de febrero de 2022

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Marcos 9,38-40

 


Evangelio según San Marcos 9,38-40
Juan le dijo a Jesús: "Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu Nombre, y tratamos de impedírselo porque no es de los nuestros".

Pero Jesús les dijo: "No se lo impidan, porque nadie puede hacer un milagro en mi Nombre y luego hablar mal de mí.

Y el que no está contra nosotros, está con nosotros.


RESONAR DE LA PALABRA

Dios trabaja sileciosamente

El hombre siempre tiene anhelos pendientes: de sentido, de justicia, de comunicación, de libertad, la nostalgia profunda de reconciliación y fraternidad, la invencible voluntad de paz, la afirmación de la vida ante las amenazas de aniquilación que pesan sobre cada uno de los seres del universo. Son anhelos pendientes, pero que no son del todo pendientes. La historia nos muestra que, aunque penosamente, el hombre ha ido realizándolos a lo lago de los siglos.

Los cristianos no somos ajenos a estas historias.

La serpiente que esta en el origen de la humanidad y de cada hombre, sin embargo, nos está incitando a los cristianos, a algunos cristianos, a apropiarnos de todo lo bello, bueno y noble que se hace en el mundo. Como si nosotros fuéramos los únicos capaces de hacer el bien. Como si nosotros poseyéramos en exclusiva el Espíritu Santo.

Ya aquellos discípulos de Jesús tuvieron que recibir un reproche de su maestro porque querían que todo el espíritu de su Señor fuera de ellos.

Dios interviene en la historia a través de todo lo que es bueno, amoroso y fraternal. Allí donde se lucha por los humillados, allí donde alguien hace el bien a los débiles y abandonados allí donde con espíritu puro se combate por la fraternidad y la justicia, allí está el Reino de Dios, se sepa o no.

Hay, como dice un pensador, "cristianos anónimos" que, sin saberlo ellos, están dando de comer al hambriento, dando de beber al sediento, vistiendo al desnudo y que un día, el último día, descubrirán al Señor que les va a abrir de par en par las puertas para que entren en el Reino de los cielos.

CR

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

lunes, 21 de febrero de 2022

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 16,13-19

 

Evangelio según San Mateo 16,13-19
Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: "¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?".

Ellos le respondieron: "Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas".

"Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?".

Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo".

Y Jesús le dijo: "Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo.

Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella.

Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo".


RESONAR DE LA PALABRA


Queridos amigos, paz y bien.

Hoy celebramos la fiesta de la Cátedra de san Pedro. Aquí puedes leer algo sobre esta antigua celebración. Cada año tenemos la ocasión de recordar la figura del Santo Padre y su misión en la Iglesia. Que no es tarea pequeña. Y orar por él, para que no le falte la ayuda y el consuelo del Espíritu Santo.

En la Palabra de hoy hay palabras para todos. Para lo que tenemos algún cargo en la Iglesia, y para los que son creyentes de base. A todos nos hablan las lecturas. A cada uno, desde su puesto y responsabilidad.

La primera lectura nos habla a los pastores, y recuerda el “para qué” de nuestra ordenación. El motivo de haber elegido un estilo de vida diferente al de otras personas: ocuparnos del pueblo de Dios. Hay días en que resulta muy fácil ocuparse de las tareas encomendadas. Todo está en orden, no te duele la cabeza, los pajaritos cantan, las nubes se levantan… Vivimos, sin embargo, jornadas que se hacen muy largas, por muy diversos motivos. En esos momentos, recordar las palabras de la primera carta de san Pedro es muy útil. Hacer todo “de buena gana, como Dios quiere; con generosidad; convirtiéndoos en modelos del rebaño”. E intentar ver a todas las personas como Dios las ve. Incluso a las personas que son “muy, pero que muy pesadas”.

Lo de ser modelo me sigue abrumando, veinte años después de la ordenación. Me consuela que es tarea de todos los creyentes, lo de ser testigo, modelo para los demás. Ahí estamos.

El salmo nos da a todos un motivo para la esperanza. “El Señor es mi pastor, nada me falta”. A menudo nos parece que nos hacen falta muchas cosas; se va la luz un rato, se nos corta el internet, y parece que se nos acaba el mundo. Sería interesante recordar, en esos momentos de “oscuridad digital”, que el Señor es nuestro pastor, y dedicarle un tiempito. Y no solo. Con Dios los tenemos todo, sin Dios no tenemos nada.

Y la pregunta del millón. ¿Quién es Jesús para ti? De esa respuesta depende no solo cómo vas a vivir, sino también la vida eterna. Espero que la respuesta no sea solo la aprendida del Catecismo, sino que nazca de la vivencia, del encuentro personal con Cristo. Un verdadero Amigo, el único Salvador, la Esperanza que te ayuda a seguir viviendo… No es una pregunta cualquiera. Según respondas, podrás afrontar los problemas de una u otra manera. Y, cada día, respóndele al Señor quién es para ti.

Nuestro hermano en la fe, Alejandro, C.M.F.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

domingo, 20 de febrero de 2022

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Marcos 9,14-29

 

Evangelio según San Marcos 9,14-29
Cuando volvieron a donde estaban los otros discípulos, los encontraron en medio de una gran multitud, discutiendo con algunos escribas.

En cuanto la multitud distinguió a Jesús, quedó asombrada y corrieron a saludarlo.

El les preguntó: "¿Sobre qué estaban discutiendo?".

Uno de ellos le dijo: "Maestro, te he traído a mi hijo, que está poseído de un espíritu mudo.

Cuando se apodera de él, lo tira al suelo y le hace echar espuma por la boca; entonces le crujen sus dientes y se queda rígido. Le pedí a tus discípulos que lo expulsaran pero no pudieron".

"Generación incrédula, respondió Jesús, ¿hasta cuando estaré con ustedes? ¿Hasta cuando tendré que soportarlos? Tráiganmelo".

Y ellos se lo trajeron. En cuanto vio a Jesús, el espíritu sacudió violentamente al niño, que cayó al suelo y se revolcaba, echando espuma por la boca.

Jesús le preguntó al padre: "¿Cuánto tiempo hace que está así?". "Desde la infancia, le respondió,

y a menudo lo hace caer en el fuego o en el agua para matarlo. Si puedes hacer algo, ten piedad de nosotros y ayúdanos".

"¡Si puedes...!", respondió Jesús. "Todo es posible para el que cree".

Inmediatamente el padre del niño exclamó: "Creo, ayúdame porque tengo poca fe".

Al ver que llegaba más gente, Jesús increpó al espíritu impuro, diciéndole: "Espíritu mudo y sordo, yo te lo ordeno, sal de él y no vuelvas más".

El demonio gritó, sacudió violentamente al niño y salió de él, dejándolo como muerto, tanto que muchos decían: "Está muerto".

Pero Jesús, tomándolo de la mano, lo levantó, y el niño se puso de pie.

Cuando entró en la casa y quedaron solos, los discípulos le preguntaron: "¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?".

El les respondió: "Esta clase de demonios se expulsa sólo con la oración".


RESONAR DE LA PALABRA


Queridos amigos, paz y bien.

El camino del discípulo no termina nunca. Siempre es posible ir más allá. Se puede avanzar más y más. Lo comprobaron los apóstoles, cuando no pudieron expulsar a ese demonio que martirizaba al niño. Es una buena llamada de atención. Lo de ir más allá, digo. Todos necesitamos profundizar en nuestros conocimientos y, quizá, en nuestras vivencias de la fe. La lectura espiritual, la oración, los cursos de formación permanente… Hay muchas posibilidades de avanzar en la fe, para enfrentarnos a nuestros demonios personales.

Nadie dice que sea fácil, pero “todo es posible al que tiene fe”. Lo dice Jesús. Lo hemos experimentado en nuestra vida, posiblemente. Porque Cristo siempre nos tiene lástima, si acudimos a Él corriendo, como hizo la multitud que estaba esperándole. Claro está, hay que acercarse, pedirle y dejarle actuar en nuestra vida

La Carta de Santiago nos habla de la verdadera sabiduría. Otro buen toque de atención. De cómo nos comportamos, se puede deducir el grado de vivencia de nuestra fe. Basta con observar las vidas de los santos. Gente que podría alardear de su cercanía para con Dios, de todo lo que han recibido de Él, y, sin embargo, viven en un continuo ejercicio de humildad y renovación. Esa sabiduría viene de arriba.

Son gente que han comprendido el significado de los mandatos del Señor. Estos mandatos son rectos. Y nos ayudan a vivir en rectitud. Bien es verdad que no todos los entienden. Cuesta aceptarlos, en muchas ocasiones. Esos nuestros “demonios” nos arrojan a los muchos fuegos que nos rodean, o nos ahogan en las aguas de las corrientes contra las que tenemos que luchar los creyentes.

No siempre tenemos las fuerzas para luchar. Por eso la Iglesia nos regala, cada cierto tiempo, un período de oración y reflexión más intenso, antes de Navidad y pascua, para poder orar más intensamente. Y para dejar más espacio a Dios en nuestro corazón con el ayuno. Podemos aprovecharlo, o podemos pensar que es una “molestia” que hay que pasar cuanto antes. De nosotros depende.

Ojalá podamos ser amantes de la paz, comprensivos, dóciles, llenos de misericordia y buenas obras. Que no nos pueda la envidia. Que cumpliendo los mandatos del Señor se nos alegre el corazón, y salgan fuera todos los demonios que nos acechan.

Nuestro hermano en la fe, Alejandro, C.M.F.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA